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Agua Sucia

Es la historia del agua sucia, la misma que venimos repitiendo desde hace años. Quien sigue y conoce Interior Futbolero sabrá de lo que estamos hablando, y quien no, preste mucha atención.

Agua Sucia

Aproximadamente cuarenta equipos han decidido no jugar el Federal B de transición. Los gastos, la pérdida que significa este tipo de torneo, y la crueldad del Consejo Federal durante años hicieron que se llegue a un punto donde participar signifique el suicidio económico.

Es la historia del agua sucia, la misma que venimos repitiendo desde hace años. Quien sigue y conoce Interior Futbolero sabrá de lo que estamos hablando, y quien no, preste mucha atención.

La historia se remonta a las épocas en las que el Consejo Federal era comandando por Gustavo Ceresa. Allí fue el comienzo de una debacle institucional que se veía que a corto, mediano o largo plazo iba a tener sus consecuencias. Un torneo de 48 equipos que pasó a tener 60 y que luego llegó a números siderales a través de invitaciones en exceso. Sin medir la calidad de los clubes, la soberanía institucional, la infraestructura que los acompañaba y hasta el bolsillo con el que jugaban.

Está claro que en un país donde el fútbol es palabra santa todos harían cualquier esfuerzo que esté a su alcance o más por jugar un torneo de este tipo, y es precisamente con esa ilusión con la que jugaron. Alguna vez, el propio Alfredo Derito (hoy presidente del Consejo), desde su puesto de Secretario General avisaba: “A un equipo de liga, si le preguntás si quiere jugar la Copa Libertadores te va a decir que sí, sin saber si tiene los fondos, sin saber si puede jugarla, pero antes de ser dirigentes son hinchas, y no miden las consecuencias”.

Para quien no entiende, el Consejo Federal es la entidad que nuclea a todos los clubes afiliados indirectamente a la AFA. O sea, todo el país, menos los que son de la B Metro, C y D, más los de Buenos Aires de Primera y B Nacional. El Consejo agrupa a más de 200 ligas con poco más de 3.000 clubes. Sí, leyó bien. La AFA es la casa madre que abarca a más de 3 mil equipos y no sólo a Boca, River y algunos más. La AFA es la casa del fútbol, no de unos pocos.

Ahora bien, frente a este panorama, es fácil pensar que la cuarta categoría del fútbol argentino (Federal B) se quedaba cortísima con 48 equipos y que lo más justo hubiese sido subir la cantidad de participantes. Eso, señores, es lo que nos quisieron hacer creer, o lo que nos vendieron. Para tratar de entenderlo hay que tener en cuenta muchos factores. Lo primero en lo que se escudaron fue en una supuesta federalización de la categoría en la cual se dio a entender que mientras más equipos participaban, más federal era. Lo que no se dieron cuenta (o sí), es que ya de por sí las ligas estaban arruinadas producto de otros tantos factores más. Y con las invitaciones las terminaron de liquidar.

Analicemos las ligas. Hoy en día es una realidad que la concurrencia (hablando en general, claramente hay excepciones) es pobre o nula. Se juega en cualquier día a cualquier hora y en muchos casos los clubes que participan de las que en algún momento fueron ligas atractivas, están jugando los federales o categorías superiores restándole importancia a la Liga de origen. Además, una realidad de la cual no se puede esquivar producto del crecimiento a nivel mundial, es que tal vez es más atractivo ver un partido de la Liga de España o de la Premier que un choque del cuarto contra el sexto de la liga local. Por más que me pese y me cueste entenderlo, mucha gente piensa así. Como así también son hinchas de equipos que jamás vieron o verán en su vida, pero ignoran al club que tienen a pocas cuadras de su casa.

Ante esta realidad, son contados con los dedos de una mano los clubes que sólo con público pueden solventar una campaña del Federal B. Se necesita o de un “chacarero” que deje un buen caudal de dinero, o del trabajo incansable en búsqueda de publicidad que más que auspicio termina siendo un apoyo al club. Los gobiernos de turno son los principales sponsors a nivel provincial o municipal. Son necesarios para este tipo de torneos porque literalmente, y volvemos a lo mismo, terminan siendo deficitarios.

Las invitaciones fueron como un agua sucia que se les brindaba a los dirigentes y clubes, sin “obligación de tomarla” pero que parecía limpita. El Consejo, y en su momento Gustavo Ceresa, decía que no era obligación aceptar la invitación, que no se les ponía un arma en la cabeza a los clubes para jugar el torneo. Eso hay que reconocerlo: es la simple verdad. Pero también es cierto que se podrían haber manejado de otra manera, mediante una selección más exhaustiva, o a través del cuidado de los patrimonios de los clubes. En estos casos, mientras algunos defendían con capa y espada las invitaciones, nosotros anticipábamos que no había que comprar espejitos de colores.

El tiempo demostró que abrir la cancha para estos clubes era realmente un problema. Los gastos de operativo, seguro de espectador, traslados, árbitros, aranceles hacia el Consejo (uno debe pagar por jugar, como si fuese un torneo de barrio), la ambulancia, los aranceles a la liga, el antidoping (que en muchos casos ni se hacía), la comida y los sueldos eran un baldazo de agua fría para los clubes que pensaban que era más sencillo. Terminaron por chocar contra la pared y se ha llegado a ver casos en los que era más conveniente pagar la multa por no viajar a jugar un partido que por jugarlo. Así de malo era y es el sistema.

Incluso hubo clubes invitados de manera antirreglamentaria (caso Velez de San Ramón), ya que había un Boletín Oficial firmado por el propio Gustavo Ceresa, en el cual decía que aquel equipo que no hubiese jugado el último Torneo del Interior no podía ser invitado al Argentino B siguiente. Bueno, Velez lo jugó igual.

De más está decir y contar los comentarios típicos de chusmerío del Consejo Federal, en donde se hablaba de invitaciones pagas, incomprobables e infundadas, pero de las cuales todos hablaban.

Detrás de las invitaciones también se encontraba un gran ingreso hacia el ente madre del fútbol del interior. Recordemos que por cada club participante ingresaba e ingresa un dinero por cada partido local que disputa. Así, el Consejo pasó de tener 24 partidos (cuando había 48 equipos), a tener poco más de 60 (cuando había más de 120 clubes), triplicando sus ingresos en un torneo en el que el único ganador era claramente el Consejo Federal.

Con esa plata se les pagaba los gastos del CF, como así también viáticos (otro tema del cual se podría hablar largo y tendido), o financiar los torneos Sub 13,15 y 17, o al menos esa era la explicación que nos daban cuando consultábamos qué se hacía con los más de 7 millones de pesos que ingresaba por un Argentino B.

Los viáticos fueron un grave problema que tuvo el Consejo Federal. Muchos dirigentes se hicieron fanáticos de esta modalidad. ¿Cómo era? Se armaba una planilla en la cual se decía qué dirigente había ido y tenía que cobrar sus viáticos, y la AFA, mediante tesorería, emitía el dinero para el cobro. Luego esa plata se repartía. Evidentemente algo pasó, ya que a partir de mediados de septiembre u octubre del 2015 se tomó la decisión de que el cobro de los viáticos debía ser personal. O sea, el dirigente que desee cobrarlo tiene que presentarse delante de la ventanilla de tesorería de AFA y solicitar su viático correspondiente.

A todo esto, hay que sumarle que en la reforma que sufrieron las categorías de todo nuestro fútbol, llegó la reforma del Federal A. Tal vez de lo más discutido. A priori, la idea no parecía mala, pero siempre y cuando se sostenga en el tiempo. Se invitó a dos clubes por provincia que no tenían representatividad en el fútbol profesional para que al menos exista esa posiblidad en cualquier lugar de la Argentina. Hasta ahí, parecía realmente una idea maravillosa pero la historia tuvo un desenlace cargado de polémicas. El invitado final fue Independiente de Chivilcoy. Jamás se entendió su invitación, pese a las explicaciones absurdas que carecían de fundamento.

Se festejó como la final de la Copa del Mundo tener siete ascensos a la B Nacional (cuatro más que la B Metropolitana, su categoría hermana), lo cual parecía un verdadero sueño. Pero una vez más avisábamos en nuestra radio, en cada emisión: “No compren espejitos de colores”. Porque eran 7, ¿pero en un futuro? ¿Habrá casi el doble de equipos en la categoría para solo dos ascensos como lo era antes? Dicho y hecho. El torneo siguiente al de los siete ascensos se volvió a los dos ascensos, y hoy es peor. Hay 36 equipos para sólo un ascenso. Equipos que recorren el país para tratar de llegar a la B Nacional en condiciones poco profesionales, y hasta se llegó al punto de que algún que otro partido no se juegue en una categoría que va en búsqueda de la profesionalización.

Con la llegada de Roberto Fernández a la presidencia la línea cambió radicalmente. Se cortaron las invitaciones y empezó una depuración de clubes. No había que ser muy lúcido para darse cuenta que no era una mala medida, sobre todo por la cantidad de equipos que sufrían jugar el Federal B, y en las condiciones en las que lo hacían. Nunca se llegó a entender la habilitación de ciertos estadios, en los que prácticamente se juega en el barro, o algo muy parecido al waterpolo. Tampoco se entendió cómo podía ser posible que algunos equipos se presentaran a jugar con 14 o 15 profesionales en total.

Las críticas llovieron por todas partes para el ex presidente del Consejo Federal que apostó a los descensos con su slogan de “volver a fomentar a las ligas”. Está claro: Roberto Fernández era parte del riñón de Gustavo Ceresa como asesor letrado, pero como quien dice, el que estaba arriba de todo era el que decidía. Ni Roberto Fernández, ni Alfredo Derito se manifestaban en su momento a favor de las invitaciones, pero acompañaban la decisión de Ceresa y firmaban cada una de las cartas que se enviaba por fax a las ligas.

A pesar de las incansables críticas a la decisión de acortar equipos en el Federal A y B, se continuó con la medida bajo el mando de Alfredo Derito como nuevo presidente del Consejo Federal tras el despido del hombre marplatense. Y los clubes, al parecer, después de tanta insistencia y de chocar tanto contra la pared se dieron cuenta que el agua que tomaban, no era tan limpia como parecía. No era ni tan rica, ni pura. Evidentemente esa agua les trajo más de un dolor, y precisamente antes de llegar al fín prefirieron decir “paremos acá”. Ahora bien, ¿sorprende? En lo personal, no. Los que fueron sinceros con ellos mismos se dieron cuenta que de seguir así era el camino al suicidio. Mejor guardar todo ese dinero para estar al día, para arreglar el club, para usarlo para los pibes de las inferiores.

No estoy en contra de los que participan, para nada. Sepa entender el punto en cuestión. El que participa tiene que tener con qué, tiene que saber a lo que se enfrenta y tener todo en regla sin deberle a nadie para ser un club serio. ¿Parece mucho pedir? Es lo más normal del mundo, pasa que nos hemos acostumbrado a todo lo contrario. Que juegue cualquiera, hasta el que no puede, y que cada uno se haga cargo de lo que hace.

Ahora bien, ¿la solución? Difícil. Durante años hemos charlado con diferentes colegas tratando de entender qué sería lo mejor para el fútbol argentino. Está claro: los federales son un problema que se debería corregir de alguna manera. Las invitaciones no fueron la solución, fueron un problema más que aún hoy los clubes siguen pagando. La federalización es hermosa, pero una utopía para quienes están dentro del Consejo que no pueden escalar más allá de lo que el mandamás de AFA decida. Poco importan para esos muchachos las más de 200 ligas, sólo importa Primera y un poquito la B Nacional. Y cada tanto, cuando se acuerdan del ascenso, lo hacen pero para el lado Metropolitano. Hasta la “C” se profesionalizó antes que el Federal A, imagínese qué vamos a pretender con el Federal B. Tenemos una geografía complicada, y clubes con mucho poder como para cambiar todo. Tal vez la solución es buscar el enlace entre las Ligas y el sueño de estar en lo más alto. Allí seguramente esté el éxito, porque, como dijo Don Armando Tejada Gómez, “el que no cambia todo, no cambia nada”.

Por Diego País – Interior Futbolero