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Papeles en el viento

Palabras de un fanático del expreso emocionado hasta la médula a miles de kilómetros del Plinio.

Papeles en el viento

Ver esa imagen, esa postal de la eliminación de Talleres, me partió en dos. Desde la distancia física, pero no emotiva, me subyuga a tratar de darle vuelo a esos papelitos, parafraseando el libro y película homónimos.

Ver esos papeles, sin vuelo, me remiten a otra imagen, la del jolgorio noventa minutos antes, cuando el equipo sale a la cancha, a los gritos y aliento. A la esperanza, a la ilusión tan nuestra, de decir que este año se nos tiene que dar, que el ascenso es posible. Mientras la desgracia, golpea nuevamente con su guadaña mugrienta, los papeles siguen ahí, inmóviles en el piso de los renovados colores de la tribuna y del estadio todo (otra vez a manos de sus hinchas). Entonces las reflexiones no alcanzan y me tome estos días para digerir este nuevo mazazo, me pregunto si con los años, las manías y las locuras se acentúan, es mentira que uno se convierte en más sabio. Yo no sé si sufro mas ahora con Talleres, que cuando era chico. A veces me pregunto como puedo ser tan pelotudo. Creo que si no se entiende que esto es una pasión y eso es bastante inexplicable, no se podría entender nada de lo que pasa en el fútbol.

Me sube una bronca ridícula desde las tripas hasta la piel. Unas ganas locas de agarrarme a trompadas con el responsable de todo esto. Pero ¿quien es el responsable? ¿con quien me tengo que pelear? ¿ a quién le tengo que cobrar esta angustia que siento? ¿a los jugadores? ¿a los dirigentes? Sospecho que no. Porque en el fondo la culpa es mía. Mi corazón se educo así, le inculque este amor inútil, lo entusiasme con hazañas improbables, lo contagie con este amor sin fundamento ni contrapartida.

Vuelvo a esa noche de viernes, con los dolores a cuestas, con el alma echa un estropajo, volvieron los papeles a surcar los aires del estadio, volaban de aquí para allá, por que íntimamente los movían el aliento de esos dos pibes que ya habían dejado su lugar en la tribuna para sumarse a esa legión de hinchas que alientan desde mas allá de nuestra percepción. Entonces desde esta locura de la gran urbe, donde mas allá de la voluntad, y de Internet y del tiempo, las distancias son largas y lo único que me pone allí en la cancha con ustedes, son los ojos de otro hincha, que se las ingenia, para salir de la vorágine del partido ( aunque a decir verdad, era un bodrio, sin situaciones, solo el clamor de los hinchas por la ansiada clasificación a la otra ronda), y mandarme escuetos mensajes, que cuando te ponen en situación, entonces imaginarme la cancha, la gente, parado en alguna esquina de Buenos Aires, donde la noche se hace mas oscura a pesar de las luces y la soledad se impregna de las ganas de estar en la cancha, hacer fuerza a tu manera, entonces llega el mensaje esperado GOOOOOLLLLLL, y el grito en medio de la locura en la parada del colectivo, y las ganas de abrazarme con alguien, y solo poder cerrar el puño y decir, “ vamos carajo”. Vamos queda un rato, sacar cuentas mentales, pero también sentir la sensación de que no tuvimos muchas situaciones, y mirar al cielo, y buscar ayuda, porque no es justo, que también perdamos en la cancha, no es justo que no podamos darle una caricia al corazón, a esos hinchas dolidos con nuevas perdidas. Entonces no me parece justo, que la mano de la divinidad no se ponga del lado de los azules, que emboquen otro gol, que se ilumine alguno, que agarre la batuta, que la gente los empuja, que el milagro puede ocurrir aún jugando mal.

Otro mensaje, la angustia me corre por el cuerpo y el escozor de angustia me toca el alma. “la suerte echara sus cartas nuevamente …..”, otra vez la lotería de los penales, otra vez definir en el Plinio por los benditos penales. Y se acerca el colectivo y la parada esta llena, hago rápidas cuentas, y me digo espero el otro, no puedo ir con la angustia arriba del colectivo, abarrotado de gente, guardo mi tarjeta sube, acomodo mi cuerpo en la garita de la parada y me vuelvo 25 años y me veo en ese arco inmenso del expreso. En esa garita que ha quedado vacía, es mi arco desde donde intentaré atajar desde aquí algún penal de Mitre. Me pongo en posición y le miro los ojos al delantero, para ver como acomoda la pelota, como toma carrera, como le miro de reojo algún palo para que me la tire allí, para ir en un vuelo inalcanzable a ese rincón que mis manos intentaran torcer la historia, mientras hago todo eso, quizás desde algún edificio, alguien me observa y piense mira el loco ese, no me importa, yo estoy en otro menester mas importante, llegar a tapar un penal para que podamos pasar de fase. Y me olvido del tiempo, me olvido del cansancio, me olvido del dolor, me olvido de la distancia, me refugio en sus ojos, allá en la cancha, me empapo de su angustia, me lleno de sus nervios, y me quedo inmóvil, me llega el mensaje final, “chau perdimos”, y me quedo con el vuelo trunco en medio de la noche en buenos aires, con el grito en la garganta, miro al cielo y pido perdón, por no atajarlo, por no poder torcer la historia y nada mas, que mas puedo hacer, abrazarme con quien, los años no te dan sabiduría y yo como un pelotudo sufriendo por Talleres, como hace 40 años. Entonces pensé en ella, en el estadio, en Perico, y la gente saliendo de la cancha, y con el mensaje en el teléfono, mientras ya estaba sentado en el cordón y pasaba otro colectivo, pero no me importaba, pensé, en el dolor de los hinchas y las ganas de no seguir, y sin embargo, al escribir la respuesta, termino escribiéndole “no te rindas”. Lo envío y se que es una estupidez. Porque seria mejor que se rindiera. Que se entregara. Que dedicara sus energías y sus angustias a causas más nobles.

Pero, me vuelvo a llenar de fe, no te rindas le dije y es verdad, no podemos rendirnos, porque en la soledad de la noche en Buenos Aires, acabo de entender mirando al cielo, que el fútbol no es ni mas ni menos que eso. Eso que me dio mi viejo y que yo pasaré a mi hijo. Ese amor gratuito, esa esperanza desbocada. Ese dolor, esa rabia, esa fe rotunda en que, alguna vez, habrá revancha……….

A todos los hinchas del Expreso les digo No se rindan, yo estoy esperanzado en la revancha y en el sueño de verlo a mi querido Talleres jugando en las ligas mayores, esos que soñé cuando jugué, y que sueño partido a partido cuando su tren de emociones, que me hace cometer la locura de querer atajar un penal, en medio de buenos aires, el que me da a través de ella poder seguir ligado a su inmortal estadio y su ilusión entonces Talleres, no tengo nada que reprocharte, le agradezco a Dios mirarme la cicatriz del gemelo y saber que fue un alambre de atrás del arco en algún entrenamiento, las rodillas marcadas por tu césped, y claro que no nos podemos rendir, porque me siguen demostrando que son unos hinchas maravillosos, al verlos pintar las tribunas, las paredes, hacer las locuras que hacen, como rendirnos, vamos mis queridos hinchas A NO RENDIRSE, ese templo de locura que es el Plinio ya nos brindara alegrías, por que esos papeles volverán a moverse al vaivén del viento, de nuestro aliento y de los lugares que nunca dejaran los pibes que fueron a la eternidad a seguir soplando por talleres, NO TE RINDAS……… AGUANTE TALLERES……

Redacción Sitio Oficial de Talleres: Fabian Alvarez